Hubo un tiempo en el que una feria de videojuegos tenía una función sencilla y sin competencia: enseñar juegos. Los grandes títulos ocupaban el centro del escenario, las compañías competían por atraer al público a sus stands y los asistentes, sobre todo profesionales del sector, hacían cola para probar las próximas novedades y contarlo a sus audiencias. Sin embargo, las grandes citas del sector actuales se parecen cada vez menos a una simple feria comercial y más a una representación a escala de toda la industria.
Gamescom vuelve a ser el mejor ejemplo. La edición de 2026 acaba de cerrar sus puertas en Colonia con 368.000 visitantes procedentes de 131 países y 1.743 empresas expositoras de 66 países, ocupando por primera vez un recinto completamente vendido de unos 233.000 metros cuadrados. A ello se suman más de 36.000 profesionales y una audiencia digital que superó los 624 millones de visualizaciones. Por poner en perspectiva, sus primeras ediciones (por entonces conocidas como Games Con) se celebraron en Leipzig y rondaron los 200.000 asistentes, con apenas 500 compañías mostrando producto y cifras de visualización online residuales comparadas con las actuales.
We had a blast at Day 2 of gamescom 2026! 💜
— gamescom (@gamescom) August 27, 2026
We're SO ready for more days of games, games and… you guessed it: GAMES! pic.twitter.com/WigEVh6HEH
Esas cifras hoy explican la dimensión del evento, pero quizá no su verdadera transformación. Porque una feria de videojuegos ya no empieza cuando se abren los pabellones ni termina cuando se apagan los focos. Antes de llegar al recinto ya se han producido reuniones, presentaciones, acuerdos y contactos; durante los días del evento conviven desarrolladores, publishers, inversores, instituciones, medios, universidades, y comunidades; y, una vez cerrada la feria, buena parte de esas conversaciones continúan.
Nada de esto es especialmente novedoso en el sentido estricto. Siempre ha habido conversaciones en el backstage y anuncios previos a la feria en sí, pero el acceso a la información o la manera de tratarla es un cambio que o abrazas, o te quedas fuera.
También ha cambiado la geografía de estas citas. Los grandes eventos internacionales se han convertido en escaparates para regiones que buscan posicionar sus ecosistemas de videojuegos, atraer inversión y talento y facilitar la internacionalización de sus empresas. Los pabellones nacionales y regionales son ya una parte habitual del paisaje de las grandes ferias, igual que los espacios dedicados al desarrollo independiente, los encuentros profesionales o las actividades destinadas al networking.
En ese nuevo escenario, la presencia de Madrid trasciende la participación individual de cada empresa. Madrid in Game y numerosas compañías asociadas al Clúster del Videojuego de Madrid han vuelto a llevar a Colonia una parte del ecosistema madrileño, demostrando que estar en estas citas no consiste únicamente en mostrar proyectos: también significa conectar, generar oportunidades, encontrar talento, conocer nuevos mercados y hacer visible una industria que ya tiene mucho que contar, especialmente en nuestra región.
Quizá esa sea la gran evolución de las ferias de videojuegos: ya no son solamente lugares donde se presentan los juegos que vendrán, sino espacios donde se construye el futuro de la industria.